Cada Tour de Francia es único y nunca se corre de la misma manera. Bajo el sol o una lluvia torrencial, cada etapa se convierte en un nuevo desafío a superar. Carreteras resbaladizas, descensos técnicos y condiciones cambiantes pondrán a prueba tus reflejos y maestría: en el Tour, el más mínimo error puede costar la victoria.
Al igual que en la realidad, el clima puede cambiar en cualquier momento. Una etapa que comienza bajo un cielo despejado puede terminar bajo una fuerte lluvia, obligándote a adaptar tu estrategia a mitad de camino. Bajo la lluvia, la agilidad y técnica de tus corredores marcan la diferencia: controla tus trazadas, gestiona los riesgos y usa las habilidades de equilibrio de tu corredor para mantenerte en cabeza.